jueves, 1 de abril de 2010

DOS

Una leve tormenta empezábamos a ver en frente a nuestro rostro, nos mirábamos y no podíamos creer lo que cada uno sentía. Nos estábamos hablando a través de nuestros sentidos, a través de nuestros corazones.
Nos abrazamos fuertemente y veíamos juntos como esa tormenta se aproximaba.
Me dejaste ir pero hubo algo en ese momento en ti que fuiste fuerte, en el que nadie te iba a parar, en el que nadie te iba a impedir verme así. Sola, con ese nudo en la garganta y esa tormenta en frente a mis ojos.
Te mire por segunda vez y me dije por dentro: todo lo que buscaba, todo lo que siempre tuve en mis sueños, todo lo que creía imposible estaba en ti. No te podía dejar ir, era imposible. Era como correr hacia el sueño pero al final darse por vencido en el camino. No era así, no era como lo creía. No era yo en ese momento.
Decidiste agarrarme fuerte, como si nunca querrías dejarme ir en ese momento. No, no me iba a ir. Me quedaría toda una vida entera en tus brazos, sería el lugar perfecto, con la persona perfecta.
Nuestras almas se volvieron a juntar. Nuestros corazones volvieron a sonreír juntos y se entendieron una vez mas: estamos hechos el uno para el otro.
Esta vez no somos débiles, no dejamos pasar las cosas porque si. Somos mas fuertes que nunca. No vamos a renunciar nunca ni por nadie ni por nada a este amor tan inmenso que tenemos.
Gracias a esto nos dimos cuenta que nos queremos mucho, mas de lo que imaginábamos anteriormente. Que yo te necesito a vos y vos me necesitas a mi. Me importas demasiado como para nunca dejarte ir.
Sos todo, sos lo que siempre quise tener en mis besos, en mis abrazos. Sos la unica persona que vive todo el tiempo en mi mente y sino estas en mis sueños. Sabes como hacerme felíz. Me conoces como siempre. Haces que cada día tenga una razón para sonreír, una razón por la cual vivir. Por ti.